domingo, 2 de abril de 2006

Un educador infantil en Suecia


 


 
UN EDUCADOR
INFANTIL
EN SUECIA

          “...no dejaba de pensar que al día
siguiente todo sería diferente para
mí, volvería al mundanal ruido
del que había huído, pues allí todo
es tranquilidad y yo ya me había
acostumbrado a esa vida...”


Os voy a relatar de forma breve mi experiencia vivida
como educador durante el mes de marzo de 2006.


Después de dejar Asturias sumido en una profunda tristeza
y con los miedos típicos por el desconocimiento del idioma
ya que sólo podía defenderme en inglés, que no se me da
muy bien, yo en el avión haciendo escala en Munich hacia
Estocolmo. Todo estaba nevado. Tras tres días conociendo
Estocolmo, tomamos un tren camino de Örebro.


La nieve nos acompañó durante los 21 días de estancia y
el frío se hacía notar. En una ocasión estuvimos a primera
hora del día a – 20º. Pero bueno, la sensación térmica es
muy distinta a la de Asturias y se soportaba.


Allí iba a realizar mis prácticas como educador, en una
guardería llamada “Glommagardens förskola” donde había
niños y niñas de 1 a 6 años. Mis nervios iban aumentando a
medida que llegaba el momento de iniciar mis prácticas.


El primer día fue fantástico y esta sensación fue en
aumento. Los niños son totalmente distintos a los de
aquí, allí predomina la tranquilidad en general. El sistema
educativo es muy distinto al español, básicamente es juego
libre durante todo el tiempo. Al principio pensé en lo
inadecuado que era, pero pronto cambié de idea, pues veía
cómo los pequeños aprendían de los grandes y viceversa.


Todos se apoyaban, incluso un día me sorprendió ver
cómo a la hora del relax- después de la comida- se hacían
masajes entre ellos, acompañados de música relajante y
una educadora enseñándolos. Incluso a mí me hicieron un
masaje con unas pelotitas. Está claro que así se pierde el
miedo al contacto físico y se consigue niños más despiertos
y creativos.


La forma de comunicación con ellos era mediante gestos,
ya que no entendían inglés ni castellano y yo no sabía hablar
sueco. Aún así, pronto ellos me imitaban y jugábamos y
reíamos. A los pocos días yo me encariñé con todos, y ellos
también conmigo.


Colaboraba en todas las tareas, tanto en la parte lúdica
espontánea como en la preparación de la mesa para el
desayuno, almuerzo, comida y merienda.


Los horarios son muy distintos a los españoles: desayuno
a las 7:30, comida a las 11:30, merienda a las 15:00. Mis
prácticas discurrían de 8 a 15:00 de lunes a viernes.


Voy a compartir con vosotros/as mi rutina diaria.


Al llegar saludaba a los peques y me cambiaba el calzado,
ellos andaban descalzos, a veces los padres les dejaban
en la guardería cuando yo llegaba y hablaba con ellos
(en inglés), preparaba la mesa y el desayuno junto con
las educadoras. Después de desayunar recogíamos y nos
íbamos a la sala de juegos a jugar a la pelota, a bailar al
ritmo de la música, etc.


Sobre las 9:30 salíamos al patio,
todo estaba nevado y los niños y yo jugábamos con la
nieve, con trineos y palas. Había que vestirlos con ropa de
nieve. A los más pequeños y a los mayores (más de 3 años)
los ayudaba. Tenían el calzado y la ropa clasificados con
la foto del niño/a y el nombre. Cada niño/a sabía dónde
tenía las cosas. Luego salíamos a jugar en los columpios
y toboganes. La mayoría cavaban en la nieve o limpiaban
el camino. Los más pequeñines tenían la tendencia de
comerse la nieve, como si cada puñado de nieve que
cogían fuera un helado.


A las 11: 00 subíamos al aula,
los volvíamos a cambiar y metíamos la ropa en armarios
secadores. Una de las educadoras les contaba una historia
antes de comer. Todos permanecían en círculo alrededor de
ella y se asignaba a uno/a para las labores de preparación
de la mesa. La forma de elegir al encargado de esta tarea
era por sorteo mediante la extracción de un papelito de un
recipiente donde figuraban todos los nombres.


A las 11:30 - 11:45 se comía. Colaboraba sirviendo platos
con la comida, junto con Britt y Mira y las jarras con agua
o leche dependiendo de los casos. Había 3 grupos, a cada
uno le correspondía una mesa y me sentaba cada día con
uno de los grupos.


Todos los días contábamos con 15 niños y niñas de media.
Todo estaba muy organizado y nunca se presentó problema
alguno. Luego, unos dormían la siesta y otros veían
dibujos animados. Los bebés dormían en los carricoches
bien abrigados, pues estaban en una terraza cerrada. En ese
tiempo tomábamos café las educadoras y yo y se hacían
actividades de relax.


Después, sobre las 13:30 volvíamos a vestirlos para salir
al patio y algunos padres iban a recogerlos en “forma de
goteo”. Se hacía una merienda a partir de las 14:30 y a las
15:00 me iba a coger el autobús para ir a casa o dar una
vuelta por el centro.


Un día por la mañana fui con una educadora y algunos
niños y niñas al cine, a ver una serie de cortos de dibujos
animados de Alfons Aberg, de Gunilla Bergström. Son unos
dibujos muy interesantes donde, sin entender el idioma,
como en mi caso, se ven reflejadas las buenas maneras, la
disciplina, el respeto hacia los amigos, la familia, etc.


Un día, la educadora Mira y su hija Malin me llevaron en
coche al centro y me invitaron a tomar café y pastel, me
hicieron sentir como si estuviese en casa, y dimos un paseo
por el centro. Lo pasé muy bien.


Los inviernos allí son muy duros y la gente suele sufrir
problemas psicológicos por la escasez de luz, ya que a las
14:00 es de noche. Este año ha durado mucho el invierno,
pues yo vine el 31 de marzo y todavía seguía nevado.
Hace poco recibí una carta muy cariñosa de las
educadoras.


Fue fantástica la experiencia vivida allí, no podéis llegar
ni a imaginarlo. El último día fue duro, pues yo no dejaba
de pensar que al día siguiente todo sería diferente para mí,
volvería al mundanal ruido del que había huído, pues allí
todo es tranquilidad y yo ya me había acostumbrado a esa
vida. Tuve que aguantar mis lágrimas, sobre todo cuando
una niña, Clara, se abrazaba a mí al despedirnos y me decía
“No Tino, no” con el acento típico sueco. Me hicieron
muchos dibujos que guardo como un tesoro. Yo les regalé
un peluche. Establecí unos lazos afectivos muy intensos,
tanto con las niñas y niños como con las educadoras Britt
y Mira.


Actualmente seguimos manteniendo el contacto vía correo
postal e Internet y debo dar gracias al Instituto Nº1 de
Gijón y al programa Leonardo Da Vinci, por haberme dado
la oportunidad de realizar este hermoso viaje a Suecia que nunca olvidaré...























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